sábado, 31 de agosto de 2013

Flan de tapioca


Los domingos comimos flan de tapioca
y allí estábamos casi todos.
Con la moñoños,
y el lobo,
que resultó ser de peluche,
tan poco fiero,
en el cruce.
Y los paisanos
con sus historias de paisanos.
Aunque no me dejaron acercarme a sus mundos.

El mismo domingo que tú decías que la marea bajaba
y yo no te creí porque nos cubrían ya las olas
en nuestra orilla.
Sube, chica, ¿no ves que sube?
Pero tú lo sabías mejor.
Y por mucho que te empeñes,
así como eres,
esta marea no dejará de bajar,
me decías.

Los domingos comimos flan de tapioca,
bebimos cervezas, pedimos mariscos.
Y el pulpo se había terminado
como se acabó después el licor café
cuando ya tenía las pulsaciones
que no había forma de echar el freno.
Y te despertaré en mitad de la noche, te avisé.
Y lo hice.
Y te sorprendiste,
pero me besaste.
Porque era domingo
y comeríamos flan de tapioca
y no había nada más,
pero tampoco lo hubiera necesitado.

martes, 13 de agosto de 2013

Como siempre

Como siempre, parecía.
Como un lunes de entonces.
Como cualquier mañana.
Como el último invierno,
como el primer abril.
Como ayer,
que mis manos no olían a tu cuerpo,
que no sabía aun a qué sabías,
que no te había visto en otro plano,
en nuestra dimensión de tu cama
al borde del abismo
al que salté.
Como siempre, en el hola, buenos días,
en las canciones,
en el autoengaño entre líneas,
en el muro que levanté
y al que aprendí a trepar
para mirarte al otro lado.
Como siempre, en el temor,
en las propias mentiras
que quise creerme,
en la nada, que lo fue todo,
en la rabia, incontrolada,
mezquina,
en el fracaso.
Como siempre,
como cualquier lunes de entonces.
Pero como nunca ya.
Como el futuro
que ahora no entiendo.
Como el abril
que llegará en otro idioma.
Como el invierno que me encontrará desprotegido.
Aun más perdido. Frágil.
Como este llanto nuevo
que no esperaba,
que me empaña los ojos en la foto del pasaporte
y en el que flota un sueño
con el que había dejado de soñar.
Como si nunca te hubiera querido,
sabiendo que siempre lo hice.

viernes, 12 de julio de 2013

Las estrellas se apagaron azules


Quiso leer entre líneas
en las palmas de sus manos
y encontró una ventana
con estrellas que brillaron
azules.

¿Dónde irás, ahora, que no vas?
Le soltó acariciando el dorso,
las falanges,
el roce de la uñas.
Leyendo el mensaje
sin codificar
de su mirada.
Al otro lado
de la ventana
y de unas estrellas que se entornaban
azules.

Y volvió a la canción
que le mostró,
repetida, reincidente,
que se filtraba
tras la ventana
donde las estrellas
ahora
se apagaron
azules.

domingo, 7 de julio de 2013

Pero no funcionará


Y lo trajo,
como quien no quiere la cosa,
oculto entre las manos.
Convertidas en una esfera, una palma sobre la otra
ahuecadas para dejar hueco.
Escondido y protegido
ahí donde el frío no existe
y el dolor no se puede acercar.
Lo trajo caminando
a pequeños pasos
con la vista
colándose por las rendijas de los dedos.
Asegurándose de que seguía ahí
cada diez metros,
de que no se escaparía,
de que nadie podría tocarlo
porque lo llevaba resguardado
contra todos.
Segura de que nadie
llegaría hasta él,
si lo cubría así,
dejando que se intuyera
pero que no se viera.
Pero no funcionará
tampoco ahora.
Lo sé.
Como sabes tú que
en algún momento
tendrás que abrir las manos.

sábado, 29 de junio de 2013

Que ese hombre ya no existe


Le repito, señor, que no soy yo
ese hombre al que recuerda.
Que jamás me puse unos guantes.
Que nunca di aquel gancho que imita
usted en el aire
tras cambiarse el periódico de mano.
Le prometo, señor, que no soy
aquel a quien vio
aquella noche
hace quince años
esquivando el futuro.
Nunca me hubiera atrevido
a dedicarme a algo así.
Porque no tuve el valor
ni el cuerpo
ni la cabeza
para creerme que podría
ser el campeón que entonces
reclamaban los periódicos.
Créame, señor, que si me parezco
tanto es porque ese boxeador
del que habla es mi hermano,
que nos parecemos mucho, sí,
pero que no soy yo por mucho
que lo repita usted
y que jure ante su Biblia
que usted nunca olvida una cara
y que mucho menos olvidaría la mía,
que fui quien fui,
antes de que pasara todo aquello
y el público se olvidara de mí.
Todos menos usted.
Le agradezco, señor,
que se detenga,
que me lo diga,
y así se lo contaré a mi hermano.
Pero si me sigue pidiendo un autógrafo
en el periódico que ahora desenrolla
le advierto que pondré mi nombre,
y no aquel que reclama.
Sepa, señor, que ese
hombre ya no existe.

lunes, 24 de junio de 2013

Me había arrancado las palabras


Me quitó las palabras de la boca,
de un bocado, a bocajarro,
agarrándolas muy fuerte y tirando
sécamente de ellas para sacarlas
del fondo de mi estómago y llevarlas
allí donde no resuenan y no se escuchan.
Donde mueren congeladas en el aire
y nadie resulta herido.
Donde no existen.
Lo intenté otra vez
pero me había arrebatado
ya los sonidos y los motivos,
mi verdad, que no lo era,
o quizá sí, pero ahora apenas importa ya.
Y por mucho que moví los labios no logré convencerla
de que aquello iba bien,
de que saldría bien,
de que todo iría bien
de que estábamos haciendo el bien,
de que no se puede ser tan racional
porque al final las cosas duelen
y uno se despierta un día, tarde ya,
cuando los mapas de verdad son mapas
y se percata entonces
de que ha sido demasiado racional
y de que ya no hay nada que hacer.
O sí.
Estaba dispuesto a explicarlo
moviendo las manos en el aire,
quizá, incluso, haciendo un gráfico en aquel
posavasos bajo el gintonic,
si era necesario un dibujo
del campo de batalla.
Pero cuando abrí los ojos
para empezar a hablar
llegó, se adelantó y de una sacudida me quitó las palabras
antes de que lo fueran.
Cerré los ojos antes de mirarla por última vez.
La escuché, como un murmullo,
sin creerla pero asintiendo,
comprendiendo sin comprender.
Y olvidé que en el lugar de donde
me había arrancado aquellas palabras
aun me quedaban más.

martes, 18 de junio de 2013

Caminos diferentes


Aquí y ahora empieza,
creo, todo, otra vez.
Será lo mejor.
Asegurémonos que escogemos
caminos diferentes,
vidas separadas.
Dime por dónde marcharás tú
y yo por dónde iré yo,
para que el futuro no nos vuelva
a cruzar, allá, donde no pensábamos
encontrarnos otra vez.

Esta vez sí, me voy,
no sé dónde aún, pero lo haré.
Ya sabes.
Lo dije tantas veces
que una más
nadie me cree.
Pero ahora sí, aquí, ahora,
empieza,
creo,
todo. Otra vez.

Pero dime dónde estarás,
qué haces,
si te tratan bien quienes deben tratarte bien.
Si el futuro es un buen lugar.
Si el presente lo es ya.
Solo, asegurémonos,
sigamos caminos divergentes.
Yo me iré para allá.
Tú sigue hacia allí.
Para saber que mañana,
quizá,
ya sabes,
uno se puede equivocar de dirección,
nos volvamos a cruzar.