domingo, 17 de marzo de 2013

Ábreme


Ábreme. Solo estoy de paso.
Mañana me habré ido.
No espero nada.
El final ya fue.
Ahora camino hacia otra noche.
No te entendí cuando me avistaste de que
todo esto sucedería.
No quise entenderlo.
Tampoco ahora.
Sé que me rogaste que lo dejara,
que así no seguirías,
que no querías verme allí
mientras todo se desmoronaba,
esperando una llamada
que no querías recibir.
Ahora déjame entrar.
No he venido a pedir nada.
Solo una noche.
Cuando despierte me marcharé
a otra ciudad que tengo firmada ya.
Y no volverás a saber nada de mi.
No quiero nada más.

sábado, 16 de marzo de 2013

Diez años antes, todo era Irak (de 2003)


Volvieron al camino entre las dos ciudades
del cuento que contaron como verdad
para buscar entre los baúles
que las olas arrastraban
un motivo para la barbarie.


Un mapamundi girando a trescientas
revoluciones por minuto deja destellos
de colores confusos
de civilizaciones que amenazan
el bienestar contagioso de Hollywood.


Un dedo índice para el movimiento
y señala un lugar a medio camino
entre otras dos ciudades.


En Siria ya encienden velas por
los muertos que aún viven.
Se buscan cómplices, anuncia
un anuncio por palabras del diario.

viernes, 1 de marzo de 2013

Cuéntamelo otra vez...


Antes de que los fantasmas
lleguen a borrarme los aplausos
de la memoria.
Antes de que las sombras
apaguen los focos que me iluminaron.
Antes de que mi nombre
se oxide en un cajón
a la espera de una fecha que complete mi historia.
Antes de que el recuerdo
sea un pasado que no existió.
Antes de que no me mires
como lo hacías
cuando bajaba
con las costillas rotas y esa mueca
tan mía que tanto te gustaba.
Antes de que me duerma
y al despertar
haya dejado de ser el mismo
que fui entonces,
¿recuerdas?, cuando todos
sabían lo que había hecho,
cuéntamelo otra vez.
Quiero escucharlo con tu voz.

domingo, 17 de febrero de 2013

El cadáver de mi padre (2002)


El cadáver de mi padre ya no se sentaba a la mesa,
y los hijos de mis hijas bebían vino de reserva
mientras la madre reñía al primo lejano
que llegó a última hora, inoportuno,
y se hizo un hueco con el resto.
Mi amante llenaba los vasos
mientras la criada enfriaba la sopa a soplidos
y los perros ladraban en el jardín.
La casa estaba patas arriba desde que allí
se habían alojado las majorettes de la convención.
Cuando se fueron, no quisimos ya ordenar el desorden
y entre los bastones y los pompones
colocamos los muebles como pudimos.
Las sortijas de mi madre las lucían las señoras
que compraron sus baúles.
El retrato del abuelo en la guerra fue archivado en la basura.
El cadáver de mi padre no se sentó más a la mesa con nosotros.
Las sábanas que manché jugando con aquellas
bailarinas fueron quemadas en bidones en el jardín,
donde los perros no dejaron nunca ya de ladrar.
Mis mujeres abandonadas me piden ahora limosnas
cuando llegados los postres mi amante lesbiana
aún no se ha podido tomar la sopa que arde en el plato.
Los niños descorchan otra botella y yo me pongo tan nervioso
que me giro para pedirle un cigarrillo a mi padre
cuando recuerdo que ha muerto
y que su cadáver ya no se sienta a la mesa.

sábado, 9 de febrero de 2013

Inventariar cada crochet


Más de trescientos escritores de deportes
en las primeras filas,
con sus libretas dispuestos a inventariar
cada crochet,
cada golpe por debajo de la cintura
y cada destello de flaqueza
que adivinen en mis ojos,
para ponerlo con tinta negra en sus periódicos,
mañana,
que será cuando de verdad
a mi me duelan
lo que para ellos solo
son marcas de lápices sobre papel.

viernes, 1 de febrero de 2013

Aquella casa, el cobertizo, el saco


Volveré una mañana de diciembre,
cuando la nieve cubra el jardín donde corría,
y veré aquella casa a lo lejos,
con sus paredes blancas de madera agrietada
y el tejado que nunca se terminó de reparar.
Aparcaré en la carretera y caminaré hasta la puerta.
Llamaré y bajaré los escalones para esperar
alejado de la entrada a que me abran.
Le explicaré a la señora que se sorprenda al verme
que allí crecí, que me mudé con mis hermanos
cuando mi padre encontró aquel trabajo
y pudo levantar aquel hogar para nosotros.
Le pediré que me deje visitar el cobertizo,
que lo he visto abandonado,
que nosotros tampoco supimos utilizarlo
y que a mi madre no le gustaba que anduviéramos entrando solos.
Pero que de allí colgó mi padre un día de diciembre,
cuando la nieve cubría ya el jardín y las carreteras estaban cortadas
y no pudo ir a trabajar,
el saco con el que me enseñó a boxear.
Le contaré que
murió un año después
y que ella prometió
que no lo descolgaría ya.
Que allí fue donde descubrí quién sería.
Le diré que me perdone por la visita,
que me disculpe con su familia.
Me despediré y me iré.

jueves, 24 de enero de 2013

Tampoco se hubiera levantado


Se paró en diez y agitó los brazos en el aire,
por encima del mundo,
sobre su cuerpo,
en el momento de la noche que
había estado esperando
a lo largo del día.
Pero aquel hombre podía haber contado hasta
treinta y tampoco se hubiera levantado.